Restaurante El Séptimo: una cena especial

Print Friendly, PDF & Email

La semana pasada teníamos algo que celebrar y nos fuimos a cenar a El Séptimo. Lo elegimos porque era una cena especial (alguien estaba de cumple…) y le apetecía un sitio “bonito, tranquilo y con buena comida”. Sin saberlo, habíamos elegido el lugar perfecto!!

El sitio es muy acogedor y realmente bonito. El toque romántico adicional lo puso una estupenda violinista que amenizó la velada interpretando una selección de obras muy conocidas. 
Pero pasemos a la comida. Habíamos reservado un menú degustación a través de El tenedor, que ofrecía un descuento del 50%. Un chollo, ¿no? Pues sí, no podríamos estar más de acuerdo. Fue una cena espléndida en todos los sentidos!
Decidimos probar las dos versiones que ofrecen del menú degustación, así podíamos probar platos diferentes. Acierto total.


 

De entrantes nos trajeron una selección de bocados: pastella samira (hojaldre crujiente de pollo, almendras y pasas, muy crujiente y riquísimo!) y croqueta de manzana (un contraste dulce, rico, pero sobraba la nata), por un lado.

Y por otro, el durmiente del bosque (nuestro favorito-favorito, con verduritas y curry envuelto en una costra crujiente), Jardín de Adán (patata rellena de puerro y manzana) y champiñón relleno de crema ligera con bacon. Todo muy rico

De plato principal: risotto de setas con ibérico (bien hecho, algo que no es fácil de encontrar por el mundo adelante, es decir, no llevaba nata ni porquerías similares que nunca debe llevar un risotto. Una combinación de sabores muy buena y el toque de ibérico crujiente, muy acertado)

Lomo alto de buey madurado: aunque no preguntaron (como deberían haber hecho) lo trajeron al punto, que es como nos gusta. Estaba hecho a la brasa y se notaba: tierno y sabroso.  

En el otro menú: Goulash de setas: muy suave y ligero, estupendo para una cena, echamos de menos algo más de paprika húngara, pero aun así estaba muy rico.

Y risotto de chipirones: nos permitieron pedirlo sin queso ni mantequilla, aunque sabemos que eso es desvirtuar un poco el risotto (pero la lactosa me desvirtúa a mí todavía más..)

Tras haber comido todo esto, agradecimos inmensamente que el postre fuese ligero: sorbete de mandarina, por un lado, y sorbete de limón al cava, por otro. La guinda que colmó una cena es-tu-pen-da.

Ah, lo acompañamos con un vino blanco fresco (todavía hacía mucho calor, pese a ser mid-octubre) Rueda (uva verdejo), afrutado pero no demasiado dulce; acompañó todos los platos (variadísimos!) estupendamente. La elección fue algo forzada, porque pedimos 2 vinos blancos de la carta que – como nos suele suceder últimamente en todos los restaurantes- no tenían, y nos sugirieron el de la casa, que cumplió su función.
El precio, teniendo en cuenta el descuento del 50% en un menú y 40% en otro, fue muy razonable, pues la cuenta ascendió a 60eur, precio final. Ambiente, comida, trato, música… a 30eur por persona está muuuuuuy bien. 

Volveremos, seguro, aunque pediremos una de las mesas que está en la zona “morada” del restaurante, que es la más acogedora.